Sobre anchoas, fábricas y mujeres
Written on Nov 01, 2007 // Antropología, Personal.Hace dos años hice un conato de investigación respecto al trabajo femenino en Santoña. En este municipio de Cantabria, todo gira en torno al mar. Los hombres se suben a los barcos pesqueros, los hombres subastan la pesca en la lonja, los hombres se quejan a la cofradía y toman café en los bares de la dársena.
¿Qué hacen las mujeres? La mayoría, trabajan en las fábricas de conservas de anchoa (bocarte, le llaman allí). Buena parte del trabajo lo realizan de pié, dobladas sobre las mesas cortando y sobando (se dice así) los filetes de anchoa.
También trabajan en la línea de envasado, rellenando las latas.
En la línea, no pueden hablar entre ellas. Todo está dispuesto de tal modo que los únicos movimientos posibles sean bajar la cabeza y rellenar latas.
Por supuesto, la contratación es de lo más precaria e injusta. Además, manejan una categoría (que las antropólogas llamaríamos emic) que determina el grado de precariedad de estas mujeres: si son “largas” (hábiles y rápidas procesando la anchoa) aún pueden aspirar a un contrato fijo-discontinuo, pesro si son “cortas”…
Desde hace ya unos años, las costeras del bocarte son cada vez peores, por la esquilmación de este recurso.
¿Qué será de las mujeres de Santoña?
























