Roland Barthes: ¿mirada feminista?

Written on Apr 22, 2008 // Libros, Pensamientos.

Entre 1954 y 1956 Roland Barthes escribe las reflexiones que componen Mitologías. Los fragmentos que copio a continuación forman parte de su artículo “Novelas y niños”, en el que denuncia la situación de opresión de las mujeres.
Pero… ¿puede el amo desmontar su propia casa? Juzguen ustedes mismas.

“Si uno creyera en Elle, que hace poco congregó en una misma fotografía a setenta mujeres novelistas, la escritura constituye una especie zooloógica notable: da a luz, mezclados, novelas y niños. Se anuncia, por ejemplo: Jacqueline Lenoir (dos hijas, una novela); Marina Grey (un hijo, una novela); Nicole Dutreil (dos hijos, cuatro novelas), etcétera.

¿Qué quiere decir esto?: escribir es una conducta gloriosa, pero atrevida; el escritor es un “artista”, se le reconoce cierto derecho a la bohemia. (…) Pero cuidado: que las mujeres no crean que pueden aprovechar ese pacto sin someterse primero a la condición eterna de la feminidad. Las mujeres están sobre la tierra para dar hijos a los hombres; que escriban cuanto quieran, que adornen su condición, pero, sobtre todo, que no escapen de ella: que su destino bíblico no sea turbado por la promoción que les han concedido y que inmediatamente paguen con el tributo de su maternidad esa bohemia agregada naturalmente a la vida de escritor.

Sean atrevidas, libres; jueguen a ser hombres, escriban como él; pero jamás se alejen de su lado; vivan bajo su mirada, con sus niños compensen sus novelas; avancen en su carrera, pero vuelvan en seguida a su condición. Una novela, un niño, un poco de feminismo, un poco de vida conyugal; atemos la aventura del arte a las sólidas estacas del hogar. (…)

Todo es inmejorable en el mejor de los mundos -el de Elle: que la mujer tenga confianza porque puede acceder perfectamente, como los hombres, al nivel superior de la creación. Pero que el hombre quede tranquilo: no por eso se quedará sin su mujer; ella, por naturaleza, no dejará de ser una progenitora disponible. (…)

El hombre, en una primera instancia, parece ausente de ese doble nacimiento; niños y novelas parecen venir tan solos unos como las otras, pertenecer sólo a la madre (…) Pero, ¿dónde está el hombre en este cuadro familiar? En ninguna parte y en todas, como un cielo, un horizonte, una autoridad que, a la vez, determina y encierra una condición. Tal es el mundo de Elle: allí las mujeres siempre constituyen una especie homogénea, un cuerpo constituido, celoso de sus privilegios y aún más enamorado de sus servidumbres; el hombre nunca está en el interior de ese mundo, la feminidad es pura, libre, pujante; pero el hombre está alrededor, en todas partes, presiona en todos los sentidos, hace existir. (…) Mundo sin hombres, pero totalmente constituido por la mirada del hombre, el universo femenino de Elle es exactamente igual al gineceo.

En toda la actitud de Elle existe un doble movimiento: cerrar el gineceo primero, y entonces, sólo entonces, liberar a las mujeres dentro de él. Amén, trabajen, escriban, sean mujeres de negocios o de letras, pero recuerden siempre que el hombre existe y que ustedes no están hechas como él. El orden de ustedes es libre a condición de que dependa del suyo; la libertad de ustedes es un lujo, sólo es posible si de antemano reconocen las obligaciones que les impone su naturaleza. Escriban, si quieren, y todas nos sentiremos orgullosas de ello; pero no por eso se olviden de hacer niños, pues corresponde al destino de ustedes. Moral jesuita: acomoden a su favor la moral de su propia condición, pero nunca duden del dogma sobre el que se funda.”

Barthes, Roland (2005 [1957]) “Novelas y niños” en Mitologías. Siglo XXI. pp. 57-59

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