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Judith Halberstam :: la masculinidad sin varones

3 Comments // Written on May 20, 2008 // Creación, Cuerpos, Libros, Queer

Judith “Jack” Halberstam autora de Female Masculinity (Masculinidad Femenina, ed. Egales), presenta esta semana su libro en el estado español. El miércoles 21 en la facultad de CC. Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (13h), el 22 en la librería Berkana (Madrid, 20h) y el 23 en el MACBA de Barcelona (19h).

La performance drag king, la cultura butch y toda reapropiación femenina de la masculinidad es un ejercicio político que pone de manifiesto cómo tanto la masculinidad como la feminidad son prótesis identitarias, modos de habitar el cuerpo aprendidos que podemos (y debemos) trastocar.

Actualización 22-05-08:

Judith Halberstam presentó la edición en castellano de Female Masculinity, publicado originalmente en 1998 y traducido por Javier Sáez (autor, entre otras cosas, de la imprescindible web Hartza) en el salón de grados de la facultad de CC. Políticas y Sociología de la UCM.
En esta obra, la autora traza una trayectoria histórica de las masculinidades femeninas, basándose en los estudios culturales, la teoría sociológica y documentos como cartas, diarios personales, fotografías, novelas… además de su propio trabajo y experiencia.

Destaco algunas de las múltiples ideas que la autora compartió con nosotras:

  • El primer espacio de reconocimiento de las masculinidades femeninas es el psicoanálisis. Sin embargo, Freud no lo consideraba una patología, dado que la feminidad es en sí una patología, sino la única manifestación posible de la genialidad y la excepcionalidad de los (supuestamente neutros) seres humanos  habitando cuerpos de mujer.
  • La jerarquía de las relaciones de género está presente de un modo muy potente en estos intentos de trastocar los roles e identidades asignados. Ante el concepto “mujer masculina”, el imaginario social identifica inmediatamente a una bollera camionera, una butch. Tras esta explicación unívoca y clara se oculta una fuerte invisibilización e indiferencia que contrasta con el caudal de referentes sociales (bromas, películas, personajes…) que moviliza el concepto “hombre femenino”.
  • Resulta muy significativa la historia de Anne Lister, que la autora analiza en su obra. Esta aristócrata del siglo XVIII es una de las primeras mujeres masculinas de la que se conserva un diario en el que cuenta con todo detalle sus prácticas sexuales con mujeres casadas de su clase. Resulta muy interesante el hecho de que Lister en ningún momento se identifica como lesbiana (”invertida” era el incipiente término para designarlas) ni tampoco muestra ningún tipo de sentimiento de comunidad, ni con sus compañeras sexuales ni con otras mujeres masculinas de la época. Halberstam remarca, a través de este ejemplo, como es posible rastrear transhistóricamente la masculinidad femenina, pero no así el lesbianismo ya que este concepto tal como hoy lo entendemos surge en una época reciente.
  • La masculinidad es, por supuesto, una construcción cultural inserta en un momento sociohistórico determinado. A la construcción del modelo de masculinidad moderna hegemónica, como señalaba Javier Sáez, ha contribuido también la masculinidad femenina. Además de como negación fundamental de lo femenino, esta masculinidad se construye en oposición a los varones no-blancos y no-burgueses. También la masculinidad femenina y la respuesta social ante ella está fuertemente racializada. Las mujeres negras en Estados Unidos han estado, de hecho, masculinizadas y construidas en oposición a la feminidad blanca burguesa.
  • La publicación de Female Masculinity en EEUU provocó un fuerte debate. Uno de los más previsibles fue la discusión sobre los límites entre el transgenerismo o transexualidad y la masculinidad femenina. La acogida de la obra por buena parte del movimiento feminista estadounidense fue muy negativa, al considerar que las expresiones masculinas en mujeres suponen un intento por “emular al opresor” y adquirir, en cierto modo, sus privilegios.
  • Sin embargo, y desde una perspectiva más cercana a la teoría queer, la masculinidad femenina puede entenderse como una manifestación de la multiplicidad de categorías sexuales/genéricas. En un sistema de categorización rígido, binario, exclusivo y excluyente, esta estrategia de trastocación y reapropiación parece más efectiva que la utópica idea de romper el sistema mediante la disolución de las categorías “masculino” y “femenino”.

Roland Barthes: ¿mirada feminista?

No Comment // Written on Apr 22, 2008 // Libros, Pensamientos

Entre 1954 y 1956 Roland Barthes escribe las reflexiones que componen Mitologías. Los fragmentos que copio a continuación forman parte de su artículo “Novelas y niños”, en el que denuncia la situación de opresión de las mujeres.
Pero… ¿puede el amo desmontar su propia casa? Juzguen ustedes mismas.

“Si uno creyera en Elle, que hace poco congregó en una misma fotografía a setenta mujeres novelistas, la escritura constituye una especie zooloógica notable: da a luz, mezclados, novelas y niños. Se anuncia, por ejemplo: Jacqueline Lenoir (dos hijas, una novela); Marina Grey (un hijo, una novela); Nicole Dutreil (dos hijos, cuatro novelas), etcétera.

¿Qué quiere decir esto?: escribir es una conducta gloriosa, pero atrevida; el escritor es un “artista”, se le reconoce cierto derecho a la bohemia. (…) Pero cuidado: que las mujeres no crean que pueden aprovechar ese pacto sin someterse primero a la condición eterna de la feminidad. Las mujeres están sobre la tierra para dar hijos a los hombres; que escriban cuanto quieran, que adornen su condición, pero, sobtre todo, que no escapen de ella: que su destino bíblico no sea turbado por la promoción que les han concedido y que inmediatamente paguen con el tributo de su maternidad esa bohemia agregada naturalmente a la vida de escritor.

Sean atrevidas, libres; jueguen a ser hombres, escriban como él; pero jamás se alejen de su lado; vivan bajo su mirada, con sus niños compensen sus novelas; avancen en su carrera, pero vuelvan en seguida a su condición. Una novela, un niño, un poco de feminismo, un poco de vida conyugal; atemos la aventura del arte a las sólidas estacas del hogar. (…)

Todo es inmejorable en el mejor de los mundos -el de Elle: que la mujer tenga confianza porque puede acceder perfectamente, como los hombres, al nivel superior de la creación. Pero que el hombre quede tranquilo: no por eso se quedará sin su mujer; ella, por naturaleza, no dejará de ser una progenitora disponible. (…)

El hombre, en una primera instancia, parece ausente de ese doble nacimiento; niños y novelas parecen venir tan solos unos como las otras, pertenecer sólo a la madre (…) Pero, ¿dónde está el hombre en este cuadro familiar? En ninguna parte y en todas, como un cielo, un horizonte, una autoridad que, a la vez, determina y encierra una condición. Tal es el mundo de Elle: allí las mujeres siempre constituyen una especie homogénea, un cuerpo constituido, celoso de sus privilegios y aún más enamorado de sus servidumbres; el hombre nunca está en el interior de ese mundo, la feminidad es pura, libre, pujante; pero el hombre está alrededor, en todas partes, presiona en todos los sentidos, hace existir. (…) Mundo sin hombres, pero totalmente constituido por la mirada del hombre, el universo femenino de Elle es exactamente igual al gineceo.

En toda la actitud de Elle existe un doble movimiento: cerrar el gineceo primero, y entonces, sólo entonces, liberar a las mujeres dentro de él. Amén, trabajen, escriban, sean mujeres de negocios o de letras, pero recuerden siempre que el hombre existe y que ustedes no están hechas como él. El orden de ustedes es libre a condición de que dependa del suyo; la libertad de ustedes es un lujo, sólo es posible si de antemano reconocen las obligaciones que les impone su naturaleza. Escriban, si quieren, y todas nos sentiremos orgullosas de ello; pero no por eso se olviden de hacer niños, pues corresponde al destino de ustedes. Moral jesuita: acomoden a su favor la moral de su propia condición, pero nunca duden del dogma sobre el que se funda.”

Barthes, Roland (2005 [1957]) “Novelas y niños” en Mitologías. Siglo XXI. pp. 57-59

Farmacopornografía. Por Beatriz Preciado

1 Comment // Written on Feb 21, 2008 // Libros, Pensamientos, PostMod, Queer

El pasado 27 de enero, El País publicaba un artículo de Beatriz Preciado sobre el “regimen farmacopornográfico” que explora en su nueva obra, Testo Yonqui. Según la reseña de la librería Berkana, “Preciado nos invita en Testo Yonqui a recorrer los pasillos de lo que ella misma denomina “régimen farmacopornográfico”: una forma de capitalismo caliente, psicotrópico y punk. Una perspectiva diferente donde los conceptos aparentemente incuestionables dejan paso a un nuevo orden social y político de consecuencias aún desconocidas. Un ensayo brillante y provocador sobre el lugar que ocupan el cuerpo, el sexo y la sexualidad en la sociedad contemporánea. Una bomba conceptual.”

testoyonqui.jpg

Copio un pequeño fragmento del artículo de El País.

Durante el siglo XX, periodo en el que se lleva a cabo la materialización farmacopornográfica, la psicología, la sexología, la endocrinología han establecido su autoridad material transformando los conceptos de psiquismo, de libido, de conciencia, de feminidad y masculinidad, de heterosexualidad y homosexualidad en realidades tangibles, en sustancias químicas, en moléculas comercializables, en cuerpos, en biotipos humanos, en bienes de intercambio gestionables por las multinacionales farmacéuticas. (…)
Por eso la ciencia es la nueva religión de la modernidad. Porque tiene la capacidad de crear, y no simplemente de describir, la realidad. El éxito de la tecnociencia contemporánea es transformar nuestra depresión en Prozac, nuestra masculinidad en testosterona, nuestra erección en Viagra, nuestra fertilidad/esterilidad en píldora, nuestro sida en triterapia. Sin que sea posible saber quién viene antes, si la depresión o el Prozac, si el Viagra o la erección, si la testosterona o la masculinidad, si la píldora o la maternidad, si la triterapia o el sida. Esta producción en auto-feedback es la propia del poder farmacopornográfico.

Fragmento de “La mano izquierda de la oscuridad”

2 Comments // Written on Feb 14, 2008 // Antropología, Libros, SciFi & Fantasy

Ursula K. LeGuin es una de las mayores escritoras de ciencia ficción y fantasía de todos los tiempos, ganadora de los más prestigiosos premios de estos géneros, entre ellos 5 premios Hugo y 5 Nebula. Además de su análisis detallado de las relaciones sociales, desde una perspectiva netamente antropológica -es hija de Alfred Kroeber-, la nota constante en su obra es la mirada feminista.

La mano izquierda de la oscuridad (Minotauro, 2000 [1973]) forma parte del ciclo Hainish; este universo habitado por múltiples razas humanoides descendientes de un único planeta sirve a la autora para reflexionar sobre la organización social y, especialmente, sobre las relaciones de género. La población que habita el mundo de Gueden se caracteriza por ser hermafrodita o, más concretamente, por ser neutra sexualmente durante la mayor parte del ciclo de 26 días. En la fase de kemmer (”celo”) estos seres manifiestan las características sexuales de varones o mujeres de manera totalmente aleatoria a lo largo de su vida.
¿Qué implicaciones puede tener esto para la organización social? Según las reflexiones de Omg Tot Oppong, investigadora del primer descenso ecuménico en Gueden/Invierno (p. 108-9):

Considérese: Cualquiera pueda cambiarse en cualquiera de los dos sexos. Esto parece simple, pero los efectos psicológicos son incalculables. El hecho de que cualquiera, entre los diecisiete y los treinta y cinco años, aproximadamente, pueda sentirse “atado a la crianza de los niños” (como dice Nim) implica que nadie está tan “atado” aquí como pueden estarlo, psicológica o físicamente, las mujeres de otras partes. Las cargas y los privilegios son compartidos con bastante equidad: todos corren los mismos riesgos o tienen que afrontar las mismas decisiones. Por lo tanto nadie es aquí tan libre como un hombre libre de cualquier otra parte.
Considérese: No hay imposición sexual, no hay violaciones. Como en la mayoría de los mamíferos no humanos, el coito implica una invitación y un consentimiento mutuos; de otro modo no es posible. La seducción es por supuesto posible, pero sólo con un extraordinario sentido de la oportunidad.
Considérese: No hay división de la humanidad en dos partes: fuerte/débil, protector/protegido, dominante/sumiso, sujeto de propiedad/objeto de propiedad, activo/pasivo. En verdad toda esta tendencia al dualismo que empapa el pensamiento humano se encuentra aminorada, o cambiada, en Invierno.
Lo que sigue ha de incluirse en mis directivas últimas: cuando uno se encuentra con un guedeniano no puede comportarse, ni deberá hacerlo, como un ser bisexual normal; esto es considerar al guedeniano hombre o mujer, y adoptar uno mismo el rol opuesto correspondiente, de acuerdo con las propias expectativas acerca de la estructura o interacción posibles entre personas del mismo o de distinto sexo. Todas nuestras formas de interacción sociosexual son aquí desconocidas. No les es posible a los guedenianos entrar al juego. No se ven a sí mismos como hombres o mujeres. Sí, ni siquiera alcanzamos a imaginarlo y ya lo rechazamos como imposible. ¿Qué es lo primero que preguntamos cuando nace un niño?
Sin embargo los guedenianos no son neutros. Son potenciales o integrales. No habiendo en mi idioma el equivalente del “pronombre humano” karhidi, y que se refiere en todos los casos a la persona en sómer, diré “él” por las razones que nos llevan a emplear el pronombre masculino refiriéndonos a un dios trascendente: es menos definido, menos específico que el neutro o el femenino. Pero esta recurrencia del pronombre masculino en mis pensamientos me hace olvidar constantemente que el karhíder con el que estoy no es un hombre, sino un hombre-mujer.

Manifiesto ContraSexual

No Comment // Written on Dec 26, 2007 // Creación, Feminismos, Libros, PostMod, Queer

La obra de Beatriz Preciado, Manifiesto contrasexual. Prácticas subversivas de identidad sexual (Opera Prima, 2002) incluye este contrato de ruptura con la heteronormatividad. Pura revolución queer incorporada.

Voluntaria y corporalmente, yo……………………….renuncio a mi condición de hombre  o de mujer, a todo privilegio (social, económico, patrimonial) y a toda obligación (social, económica, reproductiva) derivados de mi condición sexual en el marco del sistema heterocentrado naturalizado.

Me reconozco y reconozco a lxs otrxs como cuerpos parlantes y acepto, de pleno consentimiento, no mantener relaciones sexuales naturalizantes, ni establecer relaciones sexuales fuera de contratos sexuales temporales y consensuados.

Me reconozco como productor de dildos y como transmisor y difusor de dildos sobre mi propio cuerpo y sobre cualquier otro cuerpo que firme este contrato. Renuncio de antemano a todos los privilegios y a todas las obligaciones que podrían derivarse de las desiguales posiciones de poder generadas por la re-utilización y la re-inscripción del dildo.

Me reconozco como ano y como trabajador del culo.

Renuncio a todos los lazos de filiaciones (maritales o parentales) que me han sido asignados por la sociedad heterocentrada, así como a los privilegios y a las obligaciones que de ellos se derivan.

Renuncio a todos mis derechos de propiedad sobre mis flujos seminales o producciones de mi útero. Reconozco mi derecho a usar mis células reproductivas únicamente en el marco de un contrato libre y consensuado, y renuncio a todos mis derechos de propiedad sobre el cuerpo parlante generado por dicho acto de reproducción.

El presente contrato es válido por una duración de………….meses (renovable)

En………a………..de……………de…………..num. de ejemplares………………

Firma.

Pat Cadigan, La Autora Cyberpunk

No Comment // Written on Nov 20, 2007 // Libros, PostMod

Leyendo hace un tiempo el artículo de Anne Balsamo “Forms of Technological Embodiment: Reading the Body in Contemporary Culture” incluido en Cyberspace/Cyberbodies/Cyberpunk: Cultures of Technological Embodiement, compilado por Mike Featherstone y Roger Burrows, descubrí la existencia de Pat Cadigan, escritora de ciencia ficción considerada la única mujer que ha formado parte del movimiento cyberpunk desde sus comienzos (la única autora presente en la antología Mirrorshades, de Bruce Sterling).

Mirrorshades

En el muy recompendable Cyberpunk Project llegan a caracterizar su novela Synners (por supuesto, en tono interrogativo) de Posthumanismo Feminista Cyberpunk (o algo así). No lo he leído, todavía, pero no he encontrado ningún trazo de esa rebuscada etiqueta en el relato “Rock on”, su aportación a Mirrorshasdes, en el que también juega con el concepto de synner, mezcla de sinner (pecador) y synthetizer (sintetizador). El único rasgo de feminismo sería el hecho de que la protagonista es una mujer. Aunque nos sepa a poco, toda una excepción en los relatos del género.

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